DECEPCIÓN

SEP, 22, 2017 | - Por Ramiro Ruiz R.

 

Por Ramiro Ruiz R.

 

En la atmósfera de los ecuatorianos se respira un aire enrarecido de decepción. La gente se siente burlada. El gobierno anterior trató a los ecuatorianos como tontos. El ex presidente fue modelo de insultador soberbio, malcriado autocrático, que ninguneaba a cualquier ciudadano que se oponía.

Modelo del perfecto mentiroso. Ahora vemos las mentiras convertidas en obras monumentales, como lo hacían los dictadorzuelos para mostrarle al mundo la grandiosidad de su personalidad que escondía complejos de superioridad. Pero entre las paredes de las construcciones, ahora se descubren las fisuras de la corrupción. Los pisos forrados de alfombras maravillosas, cubren la basura de negociados y robos legalizados.

¿Qué pasó en esos diez años con la honestidad? ¿Quién inventó los nuevos significados de la palabra “transparencia”? La honestidad es de tontos. Los vivos trabajaron con imaginación para cubrir contratos, coimas, regalos, celebraciones y depósitos bancarios. Estos políticos no tienen conciencia cuando defienden la injusticia. Inventan mil una justificación de sus múltiples juegos de corrupción. No saben que un día los ciudadanos señalarán a sus hijos y nietos, como hijos de padres corruptos.

Las redes sociales son la herramienta de comunicación directa de persona a persona. Y por supuesto, la corrupción es el tema caliente y actual. Los mensajes abundan. Algunos son una basura. Pero ¿cómo distinguir la opinión de la verdad sobre la corrupción, y la basura?

Un ejemplo de la potencia de los mensajes de las redes: “No sé si la cámara oculta en Carondelet es una cortina de humo para distraernos del derroche de Yachay, y Yachay un tapiz para despistar lo de Eljuri, y ellos otro telón para ocultar el juicio del tío de Jorge Glas, y el tío para entretenernos como a mestizos, indios y negros feos y bobos que hemos sido”.  

Desafortunadamente vivimos en una cultura de muchísimos sobornos y corrupción que llegaron a los niveles más altos del gobierno. Sin embargo, para un ecuatoriano o un latinoamericano no es tan dramático, la corrupción se está acomodando como un caso normal.

De hecho desde que inventó el gobierno de AP un nuevo sistema educativo, parte de la educación de cualquier ecuatoriano es aprender a sobornar. Incluso si no quiere aprender, lo van a enseñar. Este es el sabor amargo de la decepción.

 

 

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