Una paz siniestra

ABR, 22, 2018 | 00:02 - Por KLEVER MANTILLA

Por: Kléber Mantilla Cisneros

Es un fracaso la política de comunicación oficial para abordar narcoterrorismo, pánico social y crisis de seguridad. En escena: una serie de ruedas de prensa inútiles, boletines contradictorios, desinformación y pactos con directores de medios para esquivar incógnitas. Dudas de transparencia o desconocimiento al esconder datos, nombres, hechos e inoperancia para tratar la angustia social creciente. 
 

Una lentitud que cultiva el rumor y expande morbo en momentos del secuestro o ataques terroristas. El público, hoy, no centraliza mensajes y usa vías alternas: ‘whatsapp’, prensa mundial en línea y redes sociales interactivas, contrasta y confirma versiones, torpes libretos. 
 

Los disminuidos gremios de periodistas y estudiantes de periodismo son filiales del morbo tecnológico, usuarios del escándalo ‘fake news’ o noticias falsas, partícipes del activismo cibernético clandestino; sin planes de cuestionamiento ni planificación ante novatadas, ambigüedades y exabruptos de una Secretaría de Comunicación. 
 

Las marchas blancas son las únicas que desfogan indignación, coraje, inconsistencia de gobernabilidad, reducen los daños colaterales de un ataque que apunta contra la existencia pacífica y desahogan aspectos reprimidos de una vida convulsionada. El reclamo callejero recrudece la tragedia pero a la vez la anastesia. 
 

Esa inutilidad ministerial late: Interior, Defensa y Relaciones Exteriores en terapia intensiva porque ya no son creíbles, no son sensibles y confunden terrorismo con hechos delictivos lejanos. Los niveles de emergencia están enredados. Son actos contraproducentes. Un gobernante proclama ‘diez días de plazo’ para la entrega de un terrorista líder; al rato, una pareja es secuestrada. 
 

Así el canal comunicativo con los verdugos es el arma de chantaje y extorsión. Otra llamada telefónica sería la última. El narcoterrorista juega con hechos despreciables; manipula la confianza, la credibilidad, desacredita e intensifica el pánico, la histeria colectiva. Un manicomio desde Sinaloa que arma la guerra sin trofeos. Ahora la captura o muerte es un deleite macabro. 

@klebermantillac

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