Ley de cáncer

OCT, 12, 2017 | 00:10 - Por Pablo Izquierdo Pinos

Pablo Izquierdo Pinos

El cáncer no discrimina, es una enfermedad catastrófica que impacta con fuerza además de lo orgánico, en lo sicológico y en el presupuesto familiar puede llevar a la insolvencia financiera. Ante la ausencia de políticas de Estado en salud, un grupo de ciudadanos recolecta firmas para presentar en la Asamblea Nacional un proyecto de ‘Ley Orgánica de Lucha Contra el Cáncer’.

Que hace falta una Ley de Cáncer, claro: en nuestro subsistema fragmentado, los pacientes con cáncer siguen deambulando, primero por los “servicios de oncología” de los hospitales del Ministerio de Salud Pública (MSP) y de la Seguridad Social para finalmente terminar en la Sociedad de Lucha Contra el Cáncer (Solca), perdiendo valioso tiempo y dinero. Desde esos “servicios” el MSP hace derivaciones internacionales de niños con cáncer para simples trasplantes de médula hacia otros países. Este y otros procedimientos más complejos bien podrían hacerse aquí -Solca lo hace-, evitando la muerte y el ahorro de recursos. Más del 80% de los niños con cáncer pueden curarse si se lo detecta a tiempo y con tratamiento adecuado.

Al expresidente Correa le propuse mediar con Solca, pero para fortalecerlo y volverlo más eficiente, no para asfixiarlo económicamente como persisten los mismos pseudo técnicos. Tiene la infraestructura, los especialistas, los equipos, la experiencia y la confianza de los pacientes desde 1951. El ente rector es el MSP, dejemos a los expertos en oncología, salud pública, economía de salud y los legisladores la redacción de una ley justa. Los directorios, los delegados, los consejos, los grupos ciudadanos, son burocracia con intereses que en medicina y salud, respetuosamente, no caben más que para vigilar, no para regular ni dictar políticas públicas serias.

Es urgente crear un seguro o fondo único y universal de enfermedades catastróficas que opere con la red de prestadores (público, seguridad social, privado o mixto), acreditando los servicios para realizar determinadas prestaciones y organizando la dispensación de medicamentos de alto costo. La ventaja de estos seguros radica en que cuando el riesgo que genera se divide para 16 millones de ecuatorianos, nunca hay paciente caro ni desprotegido.


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